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Mensaje de la Semana

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Jornada mundial de los Medios de Comunicación Social, con el lema : “SILENCIO Y PALABRA: CAMINO DE EVANGELIZACIÓN”

“Al acercarse la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales de 2012, deseo compartir con vosotros algunas reflexiones sobre un aspecto del proceso humano de la comunicación que, siendo muy importante, a veces se olvida y hoy es particularmente necesario recordar. Se trata de la relación entre el silencio y la palabra: dos momentos de la comunicación que deben equilibrarse, alternarse e integrarse para obtener un auténtico diálogo y una profunda cercanía entre las personas.

Cuando palabra y silencio se excluyen mutuamente, la comunicación se deteriora, ya sea porque provoca un cierto aturdimiento o porque, por el contrario, crea un clima de frialdad; sin embargo, cuando se integran recíprocamente, la comunicación adquiere valor y significado”.

(Benedicto XVI)

COMUNICACIÓN AL SERVICIO DE LA EVANGELIZACIÓN Comunicar la verdad e incomunicar la mentira

“Comunicar es esencialmente comunicar la verdad, salir al paso de las preguntas, dudas e inquietudes del hombre y ponerle en relación con aquello que necesita conocer. Como señala Benedicto XVI, «el hombre no puede quedar satisfecho con un sencillo y tolerante intercambio de opiniones escépticas y de experiencias de vida: todos buscamos la verdad y compartimos este profundo anhelo». En la medida en que esa comunicación se realiza, el hombre queda humanizado. Todo contacto con la verdad sobre cualquier realidad da a conocer al hombre su lugar en la sociedad y su misión en la misma. Es precisamente la humanización de la sociedad uno de los fines de la comunicación y al mismo tiempo uno de los parámetros con los que se puede medir la calidad de la comunicación. Una sociedad conocedora de la verdad es una sociedad más libre, más justa y más humana.

En el otro extremo, la mentira, la transmisión del error, la duda, no producen comunicación, sino más bien incomunicación y, con ella, deshumanización.

Quienes transmiten la mentira, por dejadez, falta de rigor o de honestidad, traicionan la misión que les ha sido confiada de servir de puente de unión entre la verdad y los hombres de nuestro tiempo y provocan la deshumanización de la sociedad. Lo mismo ocurre cuando la comunicación busca sembrar la discordia, la insidia o la maledicencia. Entonces esa comunicación pierde su dignidad y contradice su dimensión humanizadora. Se puede decir que «la comunicación debe ser siempre veraz, puesto que la verdad es esencial a la libertad individual y a la comunión auténtica entre las personas», y, por extensión, que el límite de la libertad de expresión es la mentira, la insidia o la asechanza”.

(Extracto del Mensaje de la Comisión Episcopal de Medios)


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