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Evangelio 22 de Diciembre

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Lectura del santo evangelio según san Mateo (1,18-24):

El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.» Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que habla dicho el Señor por el Profeta: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa "Dios-con-nosotros".» Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.

Comentario

Hoy toda la liturgia está iluminada por la Virgen María esperando el nacimiento inminente de su Hijo. Las promesas de Dios que alimentaron la ilusión y la esperanza del pueblo de Israel durante muchos años se vieron cumplidas de una manera sorprendente. Quién iba a decir que una doncella de Nazaret, joven sencilla y humilde era la elegida para dar a luz al Salvador del mundo. Y es que Dios siempre nos sorprende. Los caminos del Señor no son nuestros caminos. Dios se presenta en este mundo de una manera silenciosa, sin dar importancia, en una humilde aldea de Belén. El Dios creador y poderoso se nos presenta como misterio de amor, y se hace criatura, carne, sonrisa y abrazo. Fijémonos también en la Virgen María, ella concibe por la fe, por la confianza en Dios. Y si Dios elige lo humilde, lo pobre, es allí donde tendremos que mirar y situar nuestro corazón. La presencia de Jesús en el mundo es iniciativa de Dios; Él siempre nos precede. La señal prometida por Dios tiene su fiel cumplimiento en la Virgen María: “Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, Dios con nosotros”. Cercanos a la Navidad, preparemos la nuestra, la de cada uno de nosotros, y dejemos que la Palabra de Dios, penetre en nuestro interior hasta que un día ilumine con todo su resplandor nuestro ser. Pidamos que, como José, estemos abiertos a realizar en nosotros los planes de Dios, aunque a veces no comprendamos sus designios. A. C. P.


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