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Camino de la Cuaresma

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El camino de la Cuaresma

Enviado por H. Balbino Juárez

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La celebración de la Pascua, como todo "tiempo fuerte" de la liturgia, va precedida por una preparación intensa de conversión, llamada CUARESMA.

La palabra Cuaresma (Quadragésima) quiere decir cuarenta días. A lo largo de este período revivimos los cuarenta días de Cristo en el desierto y los cuarenta años de peregrinación de los israelitas por el desierto hasta llegar a la tierra prometida.

En efecto, durante cuarenta días Jesús se prepara en el desierto para su inminente ministerio público, enfrentando las tentaciones y renovando su íntima relación con el Padre. Durante cuarenta años el pueblo conducido por Moisés, después de salir de Egipto, la tierra de la esclavitud, padeció hambre y sed; a veces sucumbió al desaliento pero, ante todo, vivió la experiencia única de la ternura de Dios para con él (Ex 12-40)

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Es esa misma experiencia de intimidad con Dios la que debe revivir toda la comunidad de los creyentes, bautizados y catecúmenos, al aproximarse la Pascua, para llegar con el "gozo de un corazón purificado" a renovar las promesas realizadas en el Bautismo, que es la alianza personal de cada cristiano, y encontrarse profundamente con Cristo muerto y resucitado en la Eucaristía.

El pueblo de Dios se enfrenta a un desafio exigente, sí, pero que lo sensibilizará para escuchar mejor la llamada del Señor y la de sus hermanos.

La llamada del Señor y la de sus hermanos.

Antiguamente, al comienzo de la Cuaresma la Iglesia insistía más sobre las diversas modalidades de la penitencia; hoy, ante todo, nos señala su objetivo y significado.

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Más que el cómo hacer penitencia, es importante saber el por qué, para que esta no se transforme en una práctica superficial y no produzca los frutos de conversión deseados.

La penitencia de Cuaresma se orienta hacia Dios, a quien honra, y a los hermanos, a los que consuela. En ella se expresa con gran fuerza la opción personal del discípulo de Jesús por el doble mandamiento del amor: amor a los hermanos porque amamos al Padre misericordioso y lleno de ternura.

El Prefacio III de este tiempo sintetiza muy bien esta idea: "Con nuestras privaciones voluntarias nos enseñas a reconocer y agradecer tus dones, a dominar nuestro afán de suficiencia y a repartir nuestros bienes con los necesitados, imitando así tu misericordia" (Prefacio III).

La Cuaresma, entonces, comienza con un acto de humillación y de entrega en las manos del Padre. Por ello, al recibir la ceniza en nuestra frente, al antiguo: "Acuérdate que eres polvo y en polvo te convertirás", La Iglesia privilegia el: "Conviértete y cree en el Evangelio". La primera frase está inspirada en Gn 3, 19; la segunda, en Mc 1, 15. Pero ambas se complementan: una recuerda la caducidad humana, simbolizada en el polvo y la ceniza; la otra apunta a la actitud interior de conversión a Cristo y a su Evangelio, la actitud propia de la Cuaresma.

En realidad, la Cuaresma presenta una visión optimista del mundo. A los todavía no convertidos, les propone la entrada a la Iglesia mediante el Bautismo; a los ya bautizados, una revisión de vida, un paso adelante en la vida espiritual que les ha sido otorgada en principio pero que siempre deben profundizar más conscientemente.

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Por lo tanto, mucho más que una ascesis artificial y un incremento de observancias, la Cuaresma propone a todos los hombres tener el valor sincero y leal de revisar su manera de ser, de ver dónde se encuentran frente al proyecto que Dios tiene sobre ellos, qué es lo que quieren, lo que han entendido de la vida cristiana. Estos cuarenta días vividos con Israel en el desierto, con Moisés, con Elías y, sobre todo, con Cristo, son un período profundamente espiritual.

Sabemos que debemos enfrentar la tentación, pero también sabemos que somos capaces de vencer con Cristo. En otras palabras: Sano realismo y objetividad para reconocernos pecadores, pero también esperanzas renovadas ante la luz de una vida nueva. Coraje para cambiar así como para esperar...

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La Cuaresma se extiende entonces desde el Miércoles de Ceniza hasta el Jueves Santo por la tarde. La celebración de la Cena del Señor hace de gozne entre este tiempo y el Triduo Pascual, que comprende los días viernes, sábado y domingo. El Triduo Pascual culmina con la explosión de alegría de la Resurrección en la Vigilia y el Domingo de Pascua.

Este "gran" Día se prolonga durante 50 días como si fuera uno solo, hasta la solemnidad de Pentecostés, donde celebramos la venida del Espíritu Santo, el nacimiento de la Iglesia.

A cuantos no cierren su corazón y escuchen la voz del Señor, la Iglesia promete, al final del camino, en la luz de la Noche Santa, que serán, con plenitud, hijos de Dios.

Nuestro compromiso cuaresmal

El Evangelio del Miércoles de Cenizas (Mt 6,1-6. 16-18) nos propone las tres mediaciones tradicionales para vivir este tiempo litúrgico: el ayuno, la limosna. y la oración.

Más allá de los compromisos que asuma la comunidad cristiana a la que pertenecemos, el Señor nos invita en este tiempo a comprometernos personalmente, a traducir el ayuno, la limosna y la oración en gestos concretos.

Para ello, puede ser útil elaborar una Ficha como la que aquí les proponemos, ya que escribir nuestro compromiso cuaresmal no sólo nos comprometerá más; también nos servirá de ayuda-memoria cuando, en medio de las ocupaciones cotidianas que nos dispersan, corramos el riesgo de olvidarlo.

MI CUARESMA

AYUNO De qué voy a ayunar?

LIMOSNA Con quién voy a compartir el fruto de mi ayuno?

ORACION Cuál va a ser mi compromiso con la oración?

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